Tangos del Plata

19/05/2021

Querer sin presentir

Categoría: Vivencias

Fue por los finales del año 39 que Mariano Mores en la Confiteria Real de la calle Corrientes y Talcahuano se encontraba como cada día con sus amigos y compañeros músicos y poetas, en esa tarde ya casi noche les silbó una melodia que tenía en la cabeza desde hacia días, Julio De caro, Enrique Cadícamo o Charlo.

Los muchachos le pidieron que tocara la melodía que les había gustado a todos en el piano que estaba en el primer piso, cuando subieron adonde estaba el instrumento ya había oscurecido y Mores la ejecutó con la imágen de todos ellos fumando y subiendo la escalera de la vieja confitería Real.

Cuando le preguntaron , Mariano como se llama esta pieza tan hermosa?, el Maestro contestó inspirado en el humo que apenas se veía detras de la brasa del habano de Mores y de los cigarrillos del resto, se llama Humo en la Oscuridad; ese fué el primer nombre de este célebre tango.

Al principió del año 40 en una cena que ofreció Carlos Di Sarli para presentar a su nuevo cantante Roberto Ruffino se acercaron los presentes a la hora de buscar un acompañante en el piano para unas interpretaciones que iba a hacer Tania, la conocida cantante y pareja del enorme Enrique Santos Discépolo le pidieron a Mariano Mores que la acompañara y así lo hizo, tal fué el agrado que Discepolín sintió por la generosidad y el talento del por aquel entonces pianista de Canaro, que dialogaron esa noche y allí arrancó una relación de amistad que duraría por mucho tiempo, al punto que el propio Mores le acercó a Discepolín la inquietud de esa melodía que el había ejecutado en el Café Real para que el Maestro Enrique Santos le pusiera la letra.

Tras tres años de esperar Mariano Mores un día recibió la llamada de Discépolo que había compuesto la letra del Tango que se llamaría segundo nombre del mismo, «Si yo tuviera el corazón», tal fué el exito que obtuvo que en todas partes lo pedían, el público desde la pista en aquellas noches de milonga de la decada del 40 le hacian selña a los directores de las orquestas con el dedo indice, indicando el tercer y definitivo nombree que correspondía a la primera palabra de su poesia y esa palabra era «Uno»

Esta es la leyenda, el mito del Tango que enamoró y enamora a los tangueros del mundo.

Uno.